jueves, 7 de abril de 2011

Testimonios exclusivos.

Sinceramente creo que la verdadera información se esconde en cada individuo, en los testimonios únicos de cada persona en particular, y no en el telediario o en los periódicos.
Cada persona tiene una información exclusiva sobre diferentes aspectos de la vida. Cada uno puede hablar de lo vivido, de lo experimentado a lo largo de su vida. Esta información es la que considero verdadera. Cada persona puede proporcionar información veraz sobre el sector en el que trabaja, de la empresa en concreto, de los problemas sociales a los que se ha enfrentado, de cómo se vive una enfermedad.
Considero la función del periodista como el mediador de relacionar y ordenar los diferentes testimonios de cada individuo, de todas las clases sociales y sectores, de todas las edades y a nivel internacional, y creo que la información que recibimos a través de representantes no es en absoluto válida ni útil. Me refiero a la información que nos lanzan los asignados representantes, ya sean representantes de diferentes partidos políticos, como representantes de empresas como representantes de los diferentes ministerios, etc. Tal vez les tendría en cuenta si escuchara de ellos: "Mirad, durante la reunión de ayer con los asesores sobre economía que han estado trabajando con los datos de los presupuestos para asuntos sociales, llegamos a la conclusión que tenemos que reducir en un tanto por ciento para poder invertir ese dinero en seguir viajando en clase preferente en el AVE". Pero como esto no lo escucho, quiero escuchar entonces los testimonios de aquellos que no tienen intereses políticos-económicos que defender.
Y aquí entran en juego las actuales herramientas que tenemos a disposición. Cobra aún más importancia el maravilloso internet con sus páginas web, blogs, foros y redes sociales. Nunca el ser humano ha tenido a disposición tantas herramientas de expresión ni con tanta libertad.
Aquí reclamo la expresión sin intereses y sincera.


lunes, 4 de abril de 2011

Peces de tres ojos


Creo que los dibujantes de Los Simpson no estuvieron nada lejos de plasmar qué podemos encontrarnos dentro de unos años en los océanos al dibujar el pez mutante de tres ojos.
La central nuclear de Fukushima se ha visto en la obligación de liberar al mar once toneladas y media de agua contaminada radiactiva de un orden de 100 veces superior a lo establecido. Sin embargo, la central nuclear japonesa no es el único caso que está ocurriendo en nuestros días de contaminación radiactiva. Existen hundidos en los mares submarinos nucleares desde la Segunda Guerra Mundial.
Creo que hasta que el mundo "desarrollado" no vea que los técnicos japoneses de la central que estuvieron durante varios días expuestos a radiaciones cientos y miles de veces superiores a las aconsejadas, o hasta que en Japón no nazcan bebés mal-formados, no nos creeremos que la energía nuclear puede ser muy peligrosa y nada limpia. Aún así, dudo que la razón domine en nuestras decisiones políticas y económicas, porque si llegan a ocurrir tales sucesos, se nos serán ocultados o pensaremos que a nosotros no nos puede pasar lo mismo. Y ya han ocurrido dos grandes catástrofes nucleares, ¿cuántas han de suceder?

martes, 1 de febrero de 2011

¿Naturaleza agresiva?

La agresividad y la violencia están prohibidas y son castigadas. Podemos ver que la publicación de comentarios que induzcan a la violencia es censurada y perseguida en páginas web, blogs, diarios y otros medios. Y creo que es porque no hay otra cosa tan fácil como provocar en la gente una respuesta agresiva. Tenemos latente ese sentimiento o instinto que ante palabras que aludan a nuestra libertad despierta de una forma brutal e imparable. Y aún con más fuerza si continúa su alimentación a base de argumentos y el apoyo de otras personas. La violencia y la agresividad son empáticas, y la violencia de uno solemos acompañarla con nuestra agresividad. Manifestaciones de esta ocurren en situaciones de carencias alimenticias, afectivas o incluso de justicia. Abundan en la sección de Sucesos casos de agresiones individuales (violencia de género, homofobia, xenofobia, etc.) y otras agresiones colectivas (protestas globales frente a gobiernos e injusticias sociales). Intentar anular tal sentimiento lo veo imposible. Existe una continua lucha por enmascararlo para mantener un orden dentro de una sociedad que tiene como objetivo que el planeta pueda absorber cuanta más gente posible sin que existan graves conflictos, y en la que la paz sea entendida como una situación de inactividad general y preocupación de asuntos exclusivamente individuales.

domingo, 9 de enero de 2011

El mayor tabú.

Hay situaciones a la que nos enfrentamos diariamente y a las que no le damos importancia alguna por parecer que no compromete en ningún aspecto a la sociedad. Sin embargo existen ciertas situaciones y nuestras respuestas frente a ellas pueden decir mucho sobre las debilidades del ser humano, siempre objeto de interés por muchos. El ejemplo que quiero señalar, y con el que a partir del cual he empezado a divagar y enrevesarlo todo, es el hecho que un mendigo nos pida una limosna. Sobre todo nos podemos encontrar con esta situación en las ciudades, en aquellas zonas con gran afluencia de gente, y en mayor medida durante las navidades han aumentado el número de personas pidiendo dinero, ya sea en la calle o en telemaratones. Ya sea caminando por la acera o parados con el coche en un semáforo hemos tenido que tomar la decisión de dar o no dar limosna a quien nos pide. Las tres respuestas que solemos mostrar son: dar la limosna; mirarle y decir “lo siento”; o seguir adelante. Me interesa pensar qué es lo que hay detrás de cada respuesta.

Cuando damos algo de dinero podemos llegar a sentirnos satisfechos. Nos podemos quedar con la sensación que hemos hecho bien con nuestra acción. Si decides no dar nada, pero le miras para decirle “lo siento” puedes sentir cierta vergüenza, posiblemente algo se haya removido en ti. En cambio, ¿Qué es lo que nos mueve a seguir adelante ignorando a quien nos ha dirigido unas palabras?

No tengo respuestas para poder conocer realmente qué pensamos cuando nos enfrentamos a una persona que seguramente lo haya perdido todo en la vida, y que solamente le quede la calle. Creo que es un tema tabú, y de hecho creo no haber tenido una conversación sobre este asunto. Me preocupa que en el fondo (aunque no lo digamos) deseemos no tener que enfrentarnos a indigentes, a nadie que nos pare en la calle para pedirnos algo, pero sobretodo tememos que nos pidan dinero.

En realidad no creo que se trate de una fobia hacia los mendigos (hobofobia). Creo que es posible que se trate de una fobia a todo aquel que nos pida dinero de una u otra forma (señalo que hablo de forma muy general y que comente ideas más que rebuscadas). También huimos de comerciales que nos asaltan a la salida de algunos centros para que nos hagamos socios de alguna asociación, para que nos cambiemos de compañía de telefonía, para hacernos algún seguro. Rechazamos las llamadas que nos piden unos minutos para una encuesta. Incluso podemos ponernos a la defensiva y desconfiamos cuando un amigo o familiar nos pide una ayuda económica. Leí una vez que el mayor tabú de la sociedad no es hablar de sexo, sino hablar de dinero, del dinero de cada uno. Detrás de esto tememos a perder lo que tenemos, porque somos conscientes que el dinero es tan efímero y volátil como un aroma, y porque el dinero es solamente números. Jamás veremos físicamente el dinero que tenemos ahorrado en el banco. Cualquier objeto preciado que tengamos en casa creo que no temeremos tanto perderlo como el dinero. El objeto que más apreciemos podemos observarlo, utilizarlo, tocarlo. Podemos tener un contacto, una relación más estrecha. El dinero no lo tenemos, inconscientemente sabemos que no nos pertenece, no es palpable y no hay nada tan deseable y con mayor temor a perder que aquello que no se puede alcanzar, aunque sepas que está ahí.

Así, cuando un vagabundo nos pide dinero podemos entender que es una invasión hacia nuestra ilusión de poseer aquello que deseamos. Curiosamente estaríamos más dispuestos a comprarle un pan y un trozo de queso, que sacar la cartera y darle un euro, aunque la segunda opción nos sea más económica.

domingo, 2 de enero de 2011

2011, el año de...

Hemos empezado un nuevo año, y con él una nueva década. Habiendo dejado atrás un año dedicado a la Biodiversidad, ahora me pregunto a qué causa se dedicará este año. Durante el año pasado y por el mismo motivo de la celebración del Año de la Biodiversidad, se celebraron diferentes charlas-coloquio organizadas por el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) por toda España. ¿Han cumplido con los objetivos propuestos? ¿Ha sido eficaz la difusión de la información?

Después de asistir a varias de estas conferencias observo que la información se repite y me da la sensación que el efecto alarmista sobre nuestra actuación sobre el planeta es tan impactante e inmediata como fugaz. Lo normal es que al día siguiente volvamos a ocuparnos de nuestros asuntos personales (como es normal) pero sin cambiar ningún aspecto de nuestra vida que pueda aliviar el daño que generamos al ecosistema que nos rodea.

Algo sigue fallando en la difusión de los mensajes que pueden salvar la Tierra.