domingo, 20 de mayo de 2012

La masa informada.


Hace unos días, en el autobús, escuché una conversación que entablaba un grupo de cuatro chicos y chicas, supongo que sobre los dictadores durante la historia.

-          Hace un par de meses… estaba Gadafi. Uno de Colombia- comentó una de ellos.
-          De Libia- corrigió otro.

La conversación continuó:

-          Pues Hitler hizo lo que hizo porque no se quería a sí mismo- Remató la primera.

Ya no recuerdo exactamente cómo continuó, pero tuve la sensación de que cada uno expuso unos datos que intentaban recordar, lo que les llevó de un lado a otro sin ninguna conexión. A partir de esto empecé a divagar y a relacionar nuestra forma de comunicarnos y mantener una conversación actualmente con el uso de Facebook y Twitter como herramientas para informarnos. Hoy más que nunca tenemos disponible fácilmente una ingente cantidad de información, pero a pesar de esta capacidad creo que nuestro acceso a ella se limita generalmente a informarnos a base de titulares.

Nuestro deseo de conocer todo lo que ocurre y la posibilidad de acceder a la enorme masa informativa, nos puede llevar a una sensación de impotencia intelectual y al colapso mental fulminando nuestra capacidad crítica. Esto impide que podamos expresar realmente nuestras ideas, convirtiéndonos en meros transportadores de titulares de noticieros. De esta forma seguimos comportándonos como una masa que presume de una falsa de idea de estar bien informados. La información es necesaria para obtener los datos, pero estos han de ser contrastados y analizados para que podamos tener nuestra propia opinión que contrastará con la opinión de los demás. Seguramente no tengamos razón, ni el resto tampoco, porque aparte de que nos llegue la información sesgada e incompleta (pero eso es otro tema), no existe una única “verdad” sino que existen tantas como personas somos. Sin embargo, este ejercicio nos enriquece como personas y engrandece la sociedad, tan necesario hoy en día para que no nos lleven al borde del acantilado.

sábado, 14 de abril de 2012

La Justicia de J. Matas.

Cuando escuché que Jaume Matas había sido condenado a seis años de cárcel por los chanchullos considerados en el caso Palma Arena pensé que sería la excepción de que los políticos se libran de la justicia que recae sobre el resto de los ciudadanos. Al menos podríamos aferrarnos a las excepciones. Sin embargo, hace dos días le fue levantada la fianza de dos millones y medio de euros porque “ya no se dan las mismas condiciones”. A cambio de eso tendrá que presentarse cada quince días ante un juez o comisaria, no tendrá pasaporte y no podrá salir del territorio español. Además van a salir a subasta unas propiedades suyas que servían de aval para una hipoteca de 3 millones de euros que pidió al Banco de Valencia al que no aportó ninguna cantidad. El juez responsable del caso devuelve dos millones de los dos y medio de la fianza al Banco de Valencia y el resto se retiene como pago de la “responsabilidad civil”.

No logro entender nada. Primero, la noticia de la condena a la cárcel fue bastante sonada, mientras que el levantamiento de la fianza no ha generado ruido alguno. Debe ser un efecto colateral de la ley de transparencia de Rajoy. Y segundo, un político sin vergüenza, ex ministro de medio ambiente que aún me preocupa mucho más, ha hecho una serie de trapicheos que sólo sabe él; se ha embolsado tres millones de euros procedente de los ahorros de miles de valencianos; con ese dinero ha hecho y se ha comprado a saber qué con la desfachatez de pedir una hipoteca avalada con su “palecete” y otras propiedades sin devolver un euro; y el Banco de Valencia se ha esperado dos años a que Matas hiciera algún pago.

De todo esto solo puedo sacar una conclusión y ésta ya la dijo Matas en televisión: “la justicia no es igual para todos”.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Infeliz primer aniversario.

Estamos a punto de cumplir un año desde que sucedieron dos grandes catástrofes que han dejado un gran número de víctimas humanas y una huella irreparable en el medio ambiente. En estos sucesos han intervenido el petróleo y la energía nuclear, las dos fuentes de energía más importantes de las que nos abastecemos actualmente en todo el mundo. Si la producción de la energía tiene costes humanos y ambientales considerables, la destrucción de ella, literalmente hablando, tiene repercusiones inimaginables. El 20 de abril del año pasado murieron once personas en la planta oceánica Deepwater Horizon de la petrolera BP al incendiarse. Se vertieron en las aguas del Golfo de México 4.9 millones de barriles de crudo. No existe medida alguna de cuantificar el impacto ambiental que esto ha causado, causa y estará causando.

También, hace un año, el 11 de marzo un tsunami arrasó la costa este de Japón, 15.854 almas y la central nuclear de Fukushima. Existe un radio de exclusión de 25 Km desde la central pero los habitantes que viven a más de 60 Km de allí sienten la radiación en el aire. El material radiactivo ha contaminado el agua que baña Japón, un país tradicionalmente pesquero tanto en su economía como en sus costumbres culinarias. No cabe duda que ese pescado ha sido sometido a tales radiaciones.

Estos dos sucesos adquieren una importancia simbólica de la huella dañina que va dejando nuestra actividad desenfrenada, la cual requiere de mucha energía. Después de haber colonizado prácticamente el 95% de la superficie terrestre y después de haberla alterado, transformado y contaminado en su mayor parte, ahora el ser humano necesita invadir la masa acuática para explotar sus recursos: proteínas para la alimentación (pescado, marisco, algas…), materiales preciosos (corales, perlas,oro…), energía (petróleo, gas, energía eólica…) y tal vez otros recursos más. Por decirlo de alguna forma, apenas conocemos el océano y ya lo estamos destrozando.

Cualquier recurso descubierto se convierte en un nuevo motivo de conflictos entre países para llegar el primero a la zona (ahora en el Ártico para extraer petróleo), exprimirlo, destrozar el ambiente de los alrededores y luego dejarlo todo perdido en busca de otra fuente de riquezas. Nosotros, la masa popular, estamos generalmente de acuerdo en estos “avances” de la sociedad porque da trabajo, y más ahora. Realmente da trabajo pero no nos da riqueza. Esa riqueza no es para nosotros, sino para esos a los que solemos referirnos como políticos y poderosos, pero que en verdad son unas determinadas personas, con nombres y apellidos, de carne y hueso, pero anónimas e inexistentes a nosotros. Son “estos” quienes les traen sin cuidado el equilibrio natural del planeta. “Ellos” están a salvo, o eso creen.

En unos días en los medios de comunicación rememorarán el primer aniversario de las desgracias comentadas, pero podemos estar seguros que no serán los únicos desastres que asolen tanto la humanidad como nuestro entorno, que al final y al cabo son dos factores íntimamente relacionados.

sábado, 18 de febrero de 2012

Desconfianza.

Llevo un tiempo sin añadir ninguna entrada. Realmente no ha sido por falta de temas, en concreto de los medioambientales que son los que más me interesan. Podría haberme referido en varias entradas a lo tratado y nada pactado en la Cumbre del Clima celebrada en Durban el pasado mes de diciembre. Pero esto lo puedo resumir en una frase: EEUU y China se niegan a pactar un acuerdo de reducción de gases invernaderos. También podría haber comentado que existen menos de 40.000 leones en el mundo y que están a punto de considerarse “especie en peligro de extinción”. El ser humano sigue demostrando su poder matando furtivamente a un animal a cientos de metros desde un todoterreno. Y podría haber comentado noticias del estilo, pero ninguna de ellas son fáciles de digerir y regurgitar por escrito. Noto que el periodo de crisis que estamos viviendo se está convirtiendo en un “todo vale” para que los que manejan el destino de este planeta instauren con impunidad leyes y estrategias para explotar sin restricciones los limitados recursos que hay en el mundo. Y no solo me refiero a recursos como el petróleo, el carbón, o que ensucien el agua y contaminen mares y océanos, sino que asfixien al ser humano en una continua pérdida de derechos. Derechos que hemos podido hacer uso, por ejemplo, aquellos que vivimos en España, pero que niños, mujeres y hombres de otras partes del mundo tendrán ahora menos probabilidad que nunca de adquirir ni uno solo de esos derechos que se reflejan en nuestra Constitución (aunque esta sirva para que quienes mandan se la pasen por…).

domingo, 20 de noviembre de 2011

Agua ¿y vida? en una luna de Júpiter.

Recientemente ha sido publicado en la revista científica Nature el hallazgo de dos grandes masas de hielo en la luna Europa de Júpiter. A raíz de este descubrimiento vuelve a surgir la consideración que pueda existir vida fuera del planeta Tierra. Personalmente yo no descarto esta posibilidad, en primer lugar porque tal y como se cree que llegó la vida a la Tierra (a través de choques contra nuestro planeta de asteroides cargados de bacterias) también pudo ocurrir en otras superficies del Universo. Y segundo, porque debido al cada vez más intenso tráfico espacial, no debemos descartar que hayamos podido “contaminar o colonizar” con bacterias propias de nuestro ecosistema aquellos lugares en los que diferentes sondas u otros instrumentos aeroespaciales hayan podido visitar. Está claro que esta segunda opción es muy improbable, debido a que ha habido pocos eventos en los que se ha tenido un contacto directo con otros satélites o planetas y porque un periodo de tiempo de 20 o 30 años de viajes espaciales es muy corto para que un hecho tan improbable como el comentado tenga una oportunidad de ocurrir. Sin embargo, en nuestro propio planeta se siguen descubriendo formas de organismos capaces de soportar condiciones extremas como elevadas temperaturas, formas de vida en letargo en climas helados, bacterias que soportan elevadas concentraciones de azufre o alta salinidad, además de otros microclimas no soportables para la mayor parte de la biomasa terrestre.

La vida se hace camino e intenta invadir y colonizar todo terreno al que tiene acceso. Así que si aún no existe vida extraterrestre, cosa que dudo, será cuestión de tiempo, aunque eso sí, de millones de años. Y estoy seguro que muchas cosas cambiarían cuando se haga pública la noticia del descubrimiento de vida extraterrestre. Comenzará una nueva carrera espacial, únicamente con intereses políticos-económicos pero con el sentimiento innato que nos ha inculcado la naturaleza y la propia vida, el sentimiento de colonizar.