domingo, 19 de septiembre de 2010

¿El hambre en el mundo desciende en plena crisis?

En el discurso de Jacques Diouf habla del hambre en el mundo, de la gravedad del problema que existía antes que surgiera la actual crisis financiera, de valores o como quieran llamarle. Sin embargo, no hace muchos días anunciaron que durante este año se había producido la primera bajada, desde 1995, del número de personas que pasan hambre en el mundo. Y esto no me cuadra a mí, ¿existe una crisis financiera en los países desarrollados y desciende el hambre en el mundo, localizado en países en desarrollo (y en los que ni se están desarrollando)?

Esta correlación me hace pensar en una presión de los países económicamente poderosos sobre los pobres. Al entrar en crisis los primeros, dicha presión disminuye, dando un respiro a los sometidos. No sabría deducir que técnicas o cómo se produce dicho ahogo sobre los países pobres, pero han de ser estratégias políticas y financieras que yo no podría imaginar. Presiones en el comercio, transportes, explotación de minerales y combustibles fósiles, soborno a gobiernos, establecimiento de relaciones internacionales en la que existe una simbiosis. Si en los países ricos disminuye la demanda de diamantes, de oro, de combustibles, los pobres dejan de trabajar y de morir tanto para los ricos, y llegan a sobrevivir un poco mejor por el descanso. No creo que el hambre en el mundo haya descendido por las políticas de los gobiernos, están existen desde hace décadas y las personas y niños que mueren de hambre han ido en aumento.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Premiar la dedicación por la vida.

Después de que España ganara el mundial de fútbol hemos seguido sufriendo el bombardeo de noticias sobre el seguimiento que se le ha hecho a muchos jugadores durante las vacaciones, los medios de comunicación han estado relamiéndose del triunfo, muy disfrutado en su momento pero que es necesario dejar atrás. En realidad los triunfos son momentáneos. La selección española posiblemente fuera el mejor equipo durante el mes de junio en Suráfrica, pero no siempre será el mejor, el hecho que hayan ganado la copa del mundo no necesariamente han de seguir siendo los mejores. El resto de equipos evolucionan, cambian y mejoran. Hace unos días perdieron contra Argentina 4-1. No hay que sobrevalorar un premio de tales características. Cuando ganen casi todos los partidos y lleven una trayectoria constante entonces se les puede considerar como uno de los mejores.

En el caso de otros campos, la adquisición de un premio sí se refiere a la valoración positiva de una trayectoria. Tal puede ser el caso de los premios Nobel. La mayoría de estos premios son a investigadores, escritores y filósofos que durante toda su vida han trabajado en su profesión llena de fracasos iniciales y éxitos posteriores. En muchos casos otorgar un Nobel refleja la capacidad de trabajo y la constancia por mantener el entusiasmo para hacer grandes obras, obras que hacen progresar al individuo, a la humanidad en sí. Sin embargo la comunicación popular de tales premios, de los descubrimientos, del tiempo dedicado a ese trabajo es nula. Yo mismo no sería capaz de nombrar a ningún Nobel del año pasado, sin embargo sí podríamos recordar quién ganó la anterior copa del Mundial de futbol o con quién está saliendo cualquier famosillo de turno.

La población puede que valoremos más la inmediatez y despreciemos el trabajo bien hecho, las cosas que requieren su tiempo. Tal vez no nos parezca interesante saber cómo avanza la humanidad, si es que lo hace, porque si no nos interesa alguien trabajará para que paremos de destrozar el planeta, para que dejemos de asesinar inocentes, de declarar guerras, de matar o hacer daño a quienes nos quieren, de humillar, despreciar y no respetar por nuestras creencias y hacerlo por la de los demás. Avanzar requiere un continuo trabajo que dura toda la vida de cada persona y se necesita la dedicación por la vida de todos nosotros.

lunes, 30 de agosto de 2010

Los coletazos de crudo en el Golfo de México

Una vez de vuelta de las vacaciones me encuentro con una noticia relacionada con el vertido de crudo en el Golfo de México. En ella se comenta que los efectos de tal desastre sobre el medio puede tener consecuencias, siempre negativas, de 25 a 90 años. ¿Recuerdan la erupción del volcán de Islandia, un fenómeno natural muy espectacular? ¿Recuerdan el revuelo que se formó durante dos o tres semanas por el asunto de la cancelación de vuelos? Surgieron debates si el gobierno debería ayudar económicamente a las aerolíneas por el dinero que estaban perdiendo a causa de no poder realizar los vuelos. También que la extensa nube de humo impediría el paso de los rayos de sol hacia la superficie terrestre originando un verano atípico. Después de aquel bombardeo de noticias, suposiciones, sucesos de personas sin vacaciones y demás, ya no hemos vuelto a saber nada más de aquello. Tal vez sea porque no se merecía ni tan solo una décima parte de la atención que le mostró a los efectos de la erupción. Ocurrió una erupción volcánica y ya está, no hubo que lamentar perdidas de pueblos arrasados por las cenizas o la lava. Sin embargo, días después ocurrió el vertido de petróleo desde una planta petrolífera en el Golfo de México, en pleno océano. Aquella noticia sí que la lamenté. Miles de toneladas de crudo vertido, miles de animales asfixiados por los vapores emitidos, otros tantos ahogados por no poder tomar aire de la superficie o porque el pegajoso petróleo se adhería al plumaje de las aves acuáticas y semi-acuáticas. El 75% del vertido aún queda bajo agua, formando una columna de unos 40 kilómetros de longitud.

Aquello sí que fue un desastre, y aún lo es, y lo seguirá siendo durante decenas de años. Creo que si este hecho ha trascendido más ha sido por la criticable gestión del accidente por parte de la petrolera responsable BP. ¿Alguna vez nos mostrarán las noticias por las consecuencias realmente importantes?

jueves, 17 de junio de 2010

Lo que sí es importante.

Cuando la naturaleza se manifiesta de tal forma que no nos deja volar nos escandalizamos, protestamos, hacemos balances sobre el impacto que tiene sobre la economía, que nos fastidia nuestras vacaciones, y demás. Pero cuando ocurre un desastre con mucho mayor efecto ecológico, y a la larga económico, como es el vertido de toneladas de petróleo en el océano ya no cunde tanto el pánico. Creo que se piensa que es algo ajeno y que no nos va a afectar, está muy lejos. Tal vez lo sufran las zonas costeras más próximas. Y lo digo porque realmente se siente así. En el caso del volcán, notaba que la gente tenía miedo, aquellas personas con problemas respiratorios temían por su salud, era una amenaza que avanzaba hacia nosotros y no había forma de detenerla. Con el vertido de petróleo parece que no hay tanto peligro, o eso es lo que pensamos o nos hacen pensar.

domingo, 13 de junio de 2010

El agua del grifo al desagüe.

Ahora es normal que todos bebamos agua embotellada. Es raro encontrar gente de grandes localidades que beba agua del grifo, por lo menos de la zona en la que vivo, en L’Horta Sud de Valencia.

Recuerdo que hace unos diez, quince años, cuando aún bebía agua del grifo ya se empezó a comprar de vez en cuando agua embotellada, y la verdad es que el mal sabor del agua se notaba. Poco a poco hemos optado por beber agua de otras partes de España y dejar la que se nos suministra para lavar los platos, ducharnos y regar las plantas. Me parece que hemos llegado a un punto límite en el que ya no aceptamos el agua que disponemos a nuestro alrededor y requerimos que el agua que nos nutra venga encerrada en botellas de otras ciudades. Hemos llegado a un punto de la contaminación del agua que ha hecho imposible la recuperación de los acuíferos de donde procede. Ya no la queremos para beber, y no me extraña porque a pesar de estar tratada física y químicamente no es posible devolverle las propiedades naturales que contenía el agua en su origen.

Por una parte, el agua que ha salido por nuestros grifos ya va directamente a mezclarse con el resto de aguas residuales del resto de la localidad. Aguas que han sido vertidas a fregaderos, urinarios, bañeras y demás. Aguas que arrastran todo tipo de desechos y detergentes. En este punto el agua adquiere todo tipo de contaminantes que han de ser eliminados por las plantas potabilizadoras. Pero por otra parte, el agua que pueda proceder directamente de los acuíferos que humedecen y riegan nuestro subsuelo ya está contaminada.

El agua más pura que podamos encontrar se sitúa en las montañas, aquella que vienen del deshielo y se cuela por las grietas del terreno o surca pequeños regajos hasta que va tomando forma de grandes ríos. En el camino del agua va adquiriendo diferentes minerales y nutrientes, aquellos que va disolviendo a su paso. Poco a poco el agua va enriqueciéndose de aquello que va encontrando y lo va disolviendo todo. El problema es que no es un proceso selectivo y se incorporan tanto los minerales como nuestros desechos y contaminantes. El problema actual es que cuanto más recorrido hace el agua de una zona en concreto, más riesgo existe de adquirir más sustancias contaminantes debido a que la tierra, el subsuelo está plagado de materia orgánica en descomposición, detergentes y metales pesados. De ahí viene la sobrevaloración del agua de manantial. Por ahora es el único tipo de agua que aún puede conseguirse sin que esté muy contaminada. Pero es que esto no debería ser así. Porque qué es lo que ocurre con el agua de los acuíferos, ¿ya no la utilizamos? Irremediablemente ha de usarse para nuestro abastecimiento. Un uso de esta agua sabemos que es para nuestros grifos, y puede que hayamos optado por no usarla nada más que para las actividades domésticas. Pero esa agua se utiliza sobre todo para el riego de cultivos. Si el agua que ya está contaminada se usa para regar los campos, las plantas y frutas absorberán dicha agua incorporándose en sus tejidos que con su consumo llegará a nosotros. El problema es que frutas y verduras no retienen únicamente el agua, sino todas las sales y compuestos que puedan contener. Las plantas tienen sus mecanismos de excreción de sales cuando tienen un exceso, pero no todas, y menos las cultivables, están adaptadas para eliminar metales disueltos como el mercurio o el plomo. Así entendemos que lo que han absorbido nuestros alimentos básicos como frutas y verduras lo incorporaremos nosotros también, y sin la posibilidad de excretarlos completamente y acumulándose en nuestro organismo. Pero no quiero hacer boicot a las verduras, porque el ganado no bebe agua de manantial embotellada. También se les suministra el agua potable que nosotros usamos para llenar la cisterna y para lavar los platos.